Llega el primer día de clase. Pregunto en conserjería, si se le puede llamar así, que hacia donde teníamos que ir los alumnos de 1º de bachillerato, y me contestan muy amablemente:
- Pues al Sum, como siempre!
Claro, como siempre; nací sabiendo que era el Sum.
Opté por seguir a la manada que había en la puerta. Después de una presentación que al principio me costó un poquito descifrar, fueron llamando uno a uno a los alumnos situándolos en sus respectivas clases. Cada vez quedaba menos gente, hasta que nos quedamos una chica llamada Elena, (actual amiga mía) y yo. Hasta que la entonces directora dice mi nombre:
-¿Marta Romera?
-Sí, soy yo.
-¿Te matriculaste hace poco verdad?
-Sí, hará una semana.
- Resulta que no hay plaza para humanidades. Tendrías que meterte en el social, con economía y matemáticas.
-Pero si es precisamente lo único que no quiero.
-Lo entiendo. Intentamos hacer lo mejor para nuestros alumnos. O simplemente irte al instituto Gran Capitán.
-(Con las lágrimas saltadas) Bueno lo consulto en casa, y mañana le doy una respuesta.
-De acuerdo, pero ten en cuenta que mañana empiezan las clases.
Llegué a casa llorando como una magdalena. Además de ciudad nueva, casa nueva, amigos nuevos, insti nuevo... toma, estudia lo que no te gusta. No me lo podía creer. Pasé uno de los peores días de mi vida.
Al día siguiente llamaron por teléfono muy temprano, pero no me dio tiempo a cogerlo. Igualmente me dirigí al instituto para ver que pasaba. A mi sorpresa que me encuentro a la directora en la puerta esperándome. Tierra trágame.
-Te he llamado hace un rato.
-Sí, perdona, no me dio tiempo a cogerlo y no conocía el número.
-Era para decirte, que hay una plaza libre en humanidades y es tuya.
-Oh! Muchísimas gracias.
-De nada mujer, tu clase es la F1.
Entro en el laberinto llamado Blas Infante. Después de un rato encuentro la clase, y veo en la puerta: 1ºF. ¿Por Dios! ¿Pero cuántos primeros hay????
Entré en la clase y habían algunos compañeros ya sentados, y pregunté:
-Perdonad, aquí cada uno tiene ya su sitio?
Hasta que una chica de ojos azules llamada Natalia me contestó:
-Bueno, más o menos. Pero sientate donde quieras.
A partir de ahí empezó la aventura.
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