Recuerdo perfectamente que mi primera clase fue latín. Lo recuerdo por la primera impresión que tuve del profesor, no por la asignatura.
Entró a clase muy decidido. A simple vista bien. Hasta que se dio la vuelta y le vi bien. Mis ojos fueron directos a la cadena de oro que llevaba colgada del cuello y el sello de oro en la mano. Después de eso si se arrancaba a bailar unas sevillanas no me iba a sorprender, la verdad. Después resultó ser el hombre más pasivo y amable del mundo.
Mi primer enfrentamiento con el dialecto andaluz llegó en la clase de filosofía. La profesora empezó a dictar algo de teoría. Con algo de dificultad pero con mi diccionario mental "andaluz-catalán/catalán-andaluz", iba todo perfecto, hasta que dijo la frase "selesión naturá". Aquí vino el problema, cuando mi diccionario no asimiló esa palabra:
-Perdona, ¿Puede repetirlo?
-"Selesión naturá".
-¿Cómo?¿Selección?
-Sí bueno hija, yo no lo digo tan "fisno" como tú.
-No, es que no la había entendido.
-(Intentando imitar mi forma de hablar) ¿Pero tú de donde eres?
-De Barcelona.
-¡Ah, vale! Pué voy a intentás pronunsiás mejórrrr.
-No te preocupes, sólo no entendí bien esa palabra...
Un poco más y me dibuja una diana en la frente para disparar en cualquier momento.
Al acabar la clase, mis compañeros me dieron la razón sobre "selesión", ellos tampoco lograron entender bien la palabra. En ese momento conseguí medio punto más para tener su amistad.
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