Esas pequeñas vacaciones llamadas Semana Santa, eran una semana para hacer "nada", en la cual me iba de viaje, estudiaba, salia, jugaba, o simplemente hacia "nada". Hasta ahora. Esto cambió por completo al llegar a Córdoba.
Mi primera experiencia de Semana Santa andaluza fue verdaderamente... rara. Durante esa semana lo que se hace es salir y ver pasos. Para empezar la cosa, fui con parte de la familia a ver un paso vulgarmente llamado "la borriquita", el cual era por la mañana y felizmente pensé en volver a la hora de comer y poder darle provecho a la tarde. Pues no. Después de ver el paso, que si os soy sincera me sorprendió mucho, ya que era enorme y el único paso que había visto en mi vida fue en un pueblo llamado Masquefa; el paso lo llevaban cuatro hombre, uno en cada esquina y algo cojo, porque ese bailoteo que llevaba el Cristo no era normal.
Bueno, volviendo al punto en que creía que el cachondeo se acababa a mediodía. Eso era misión imposible ya que 200 bares de mi alrededor me tentaban con cervezas a 1 euro, tapas gratis con la consumición, y más difícil era evitarlos acompañada de una familia deseosa de regarse por dentro.
Una cosa llevó a la otra y acabamos comiendo con las tapas gratis que mis tíos consumian.
Después escuché decir:
- ¿A qué hora pasa por San Lorenzo?
¿Cómo? ¿Qué todavía hay más? La fiesta no había acabado aquí. Con decir que llegué a mi casa a las 23:00h, lo digo todo.
Al día siguiente llamé a mis amigos para salir a tomar café. No me sabría deciros cómo acabé corriendo por callejuelas y con un librito informativo, para poder ver algún paso.
Un momento incómodo que recuerdo a la perfección fue, cuando pasó por delante nuestro el paso de una virgen y oí a mi amiga:
- ¡Éh la má bonita de toas! (¡Es la más bonita de todas!).
No sería un momento incómodo, sino soltase yo en ese momento:
-Pues yo la veo igual que a las tres anteriores.
Creo que os podéis imaginar la cara de mi amiga, dándole a la pobre hasta un tic en el ojo.
Con eso aprendí, que no debo opinar de forma ignorante sobre un paso, cuando este está delante y estoy rodeada de gente.
Otra cosa que me pareció un tanto extraña pero a la vez curiosa, fue el ver a los llamados nazarenos (seres con un capirucho en la cabeza, rostro tapado y sujetando una vela gigante), darles cera a unos pequeños gremlins. Esto lo conseguían con una simple pregunta:
- ¿Me dá sera? (¿Me das cera?).
No se que finalidad tendrá juntar tales cantidades de cera, pero lo que sí me pareció muy interesante fueron los diferentes métodos con los que estos almacenaban la cera:
• Los improvisados: poner la cera en un papel de publicidad o si ha sido improvisado por la abuela, en un pañuelo.
• Los comunes: utilizar una bolita de cera, creada de años anteriores.
• Lo impostores: crear una bola de papel de aluminio y recubrirla de cera para disimular.
• Los ingeniosos: esa misma bola de papel de aluminio, clavada en un palo para no quemarse con la cera.
• Los valientes: su propia mano, para chulear delante de los demás niños inocentes.
En conclusión, mi idea de Semana Santa a cambiado radicalmente. No me convence 100%, pero si puedo decir que tiene su encanto.
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