viernes, 10 de agosto de 2012

Exámenes / Verano / Exámenes

Todo un descubrimiento, por una parte bueno y por otra malo, fue el enterarme en el instituto que si suspendía alguna asignatura en junio, podía recuperarla en septiembre, además de tener otra oportunidad antes en junio, con todo el verano por delante para estudiar. Al contrario que en Cataluña; si suspendes intentas recuperar en junio y no hay más oportunidades.
Al enterarme de esto, pensé, ¿Cómo era posible que siguieran habiendo alumnos que suspendían en septiembre teniendo casi 3 meses para estudiar?
A mi sorpresa, decidí experimentar el primer año esto en septiembre con una asignatura (en realidad no lo quise). Lo veía todo tan claro... Bah! Tengo todo el verano para estudiar una sola asignatura. Esto está chupado.

Junio: Bueno, todavía es junio. En julio empiezo.
Julio: Venga, voy a estudiar. -¡Marta! ¿Te vienes a la playa? - ¡Allá voy!
Julio 2: Después de mi cumpleaños empezaré a estudiar de verdad.
Agosto: Ahora sí que sí. -¡Marta, haz la maleta que nos vamos con la familia una semana!
Agosto 2: Que buenas vacaciones. Un momento... (mira el calendario) ¡Estamos a 27 de agosto, no he empezado a estudiar y el examen es el 2 de septiembre!

Finalmente aprobé, pero igualmente con esa única asignatura comprendí a la perfección la cantidad de suspensos que llegaban a haber en septiembre.
Con todo esto llegué a la conclusión de que, cuantas más oportunidades nos den, más lo dejamos pasar.

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